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Horizontes de grandeza: La responsabilidad

por Fernando Plaza

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Algunos de vosotros os preguntaréis ¿por qué es tan importante saber qué es mi responsabilidad y qué no lo es?. Existen varias respuestas a esta pregunta:

» Normalmente nos responsabilizamos de cosas que no nos corresponden para escapar de nuestro problemas. Evidentemente no siempre, pero acaso no es cierto que la mayoría de las veces los problemas de los demás nos parecen sencillos y los nuestros demasiado complicados como para esforzarnos en solucionarlos.

Todos parecemos tener la solución para las vidas ajenas “Lo que tiene que hacer Paco es dejar a su novia porque no la quiere”, “Lo que tiene que hacer Lucia es acabar de una vez la carrera”, “Lo que tiene que hacer Juan es mandar a tomar viento a su jefe y buscarse otra trabajo”… y un largo etcétera.

Es una lástima que no veamos con tanta claridad lo que debemos hacer nosotros con nuestros problemas, algunos ni siquiera nos hemos detenido a identificarlos y probablemente nunca lo hagamos porque estamos demasiado centrados en arreglarles la vida a los demás. Asumir responsabilidades que no nos corresponden se convierte en causa y escusa de que no nos enfrentemos a nuestra vida, tal vez temamos intentarlo y fracasar, el caso es que, hace cuanto tiempo que no te haces álguna de estas preguntas:

¿Qué quiero hacer con mi vida?
¿Estoy haciendo realmente lo que deseo?
¿En qué dirección me quiero mover?
¿Qué me conviene hacer para acercarme a mis metas?
¿Me he fijado unas metas?.

La mayoría de las personas no se hacen este tipo de preguntas, como diría Álava Reyes, hay preguntas que son tan evidentes que nunca nos las planteamos. Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

» Responsabilizarnos de la vida de otra persona es malo para nosotros y para la otra persona. En una relación sana yo soy responsable de mi mismo y tomo mis propias decisiones, y tú haces lo mismo por tu parte.

Yo no te tengo que decir a ti si tu falda es demasiado corta, pues cómo vistes... es problema tuyo. Del mismo modo, tú no me tienes que decir a mi si estoy comiendo demasiado, yo soy quien decido cuanto debo comer. Al fin y al cabo los dos somos adultos. Y en última instancia, si estoy hecho una auténtica foca y sigo zampando bollos cual piraña devoradora, es mi problema. Es normal que si me quieres, desees que me cuide el colesterol, que esté en mi peso y que coma verduras… pero estar detrás de mi con tus miradas acusadoras no me va a ayudar ni a mí ni a ti.

A mí no me ayuda, porque voy a seguir comiendo lo que me dé la gana, lo quieras tú o no, si te pones muy pesada comeré cuando no me veas e incluso utilizaré la comida como una forma más de manipularte a mi antojo.

Para ti tampoco es bueno, porque en lugar de perder tu tiempo intentando evitar lo inevitable, sería más conveniente que invirtieras todo ese tiempo en ti misma: en ir al gimnasio si lo deseas o hacer ese curso que tanto te interesa (o plantearte alguna de las preguntas anteriores). En lugar de estar contando los bollos que yo llevo zampados y sufriendo inutilmente por algo sobre lo que no tienes ningún control.

Y quien dice comer, dice fumar, dice beber, dice estudiar, dice trabajar, dice cuidarse… hay cosas que no hay que decirle a la gente que las tiene que hacer. Como mucho se dicen una vez y ya está. Llegado el momento puede que esa persona que está siempre borracha o no hace ningún provecho de su vida, ya no nos resulte una grata compañía y obraremos en consecuencia, al fin y al cabo nosotros somos tan libres de elegir nuestros actos como lo son ellos.

» Sentirnos responsables de algo de lo que no lo somos nos resta libertad. De las citas anteriores podemos deducir que yo soy el único responsable en la Tierra de mi mismo. Por lo tanto yo debo tomar mis decisiones libremente y asumir las consecuencias de las mismas. La responsabilidad es por tanto una libertad y al mismo tiempo una carga.

"Soy responsable por lo que elijo, justamente porque podría haber elegido otra cosa (...) Querer o pretender que otro se haga cargo de nuestras elecciones es querer seguir siendo un nene chiqitito, para que otros elijan por nosotros" Jorge Bucay.

Tú bienestar, querido lector, no puede ser responsabilidad mía porque tú tomas tus propias decisiones a cerca de lo que debes hacer con tu vida. Aun suponiendo que me aseguraras que vas a hacer todo lo que yo te ordene, tampoco asumiría la carga de tu bienestar, porque bastante tengo con lo mío.

Yo puedo si me lo pides darte mi opinión, escucharte atentamente, ser un buen amigo... pero tus decisiones te corresponden a ti, no cargues sobre mis espaldas el peso de las mismas. En otras palabras, no quiero ser el responsable de lo que te pase porque te divorciaras de tu mujer o de si perdiste el trabajo porque exigiste un aumento de sueldo a tu jefe...

Del mismo modo, si yo entendiera que soy responsable de lo que opina la gente de mí, mi vida sería una auténtica pesadilla. Porque no sólo tendría que esforzarme día a día en hacerlo lo mejor posible y en tomar las decisiones que yo considero más acertadas, sino que también tendría que estarme ocupando de que los que me rodean las interpreten correctamente y tengan un buen concepto de mí.

En ese juego es mejor no entrar, yo soy como soy y actúo como decido actuar y en el momento que considero más adecuado. Decido pues libremente y asumo las consecuencias de mis actos. Y lo que tú pienses de mí, ya no es responsabilidad mía. Me gustaría que fuera algo positivo, pero sólamente eso. De ahí la importancia de la frase de nuestro protagonista, que volvemos a recoger para cerrar este artículo:

"No soy responsable de lo que piensen los otros de mi
por ser yo como soy"

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