ArturoSoria.com: Artículos interesantes y guía selecta de Arturo Soria
 Arturo Soria > Artículos > cine > Chocolat. El Dios anónimo  
separador

Chocolat. El Dios anónimo

por Abel Díaz
Publicado: 20/04/2001  

Abel Díaz es licenciado en Filología Inglesa y un amante del cine inteligente, el que te hace pensar. Ha dirigido varios talleres de cine en distintas universidades.


Chocolat: Juliette BinocheEn el viaje de la vida, todos caminamos, de alguna manera, medidos por el mismo rasero. Es cierto que el dinero, la educación, la nacionalidad influyen. Pero a la hora de amar, ni el dinero, ni la sabiduría, ni el país al que uno pertenece tienen la última palabra.

En la película que nos ocupa, otra vez la grandeza y la pequeñez del hombre se abrazan. Creo que todos experimentamos estas dos facetas de nuestra vida con mucha frecuencia. Nuestra realidad es pequeña y está constituida por un cúmulo de cosas menudas. Pero a la vez puede ser grande, sin necesidad de estridencias. En la película, algo tan trivial como el chocolate nos abra puertas insospechadas al misterio del hombre. Allí el chocolate es mucho más que un placer. El chocolate es arte y es a la vez todo un signo de amor.

En un pequeño pueblo, lleno de tradiciones y cotidianidad, una mujer es capaz de cambiar la senda de la historia con algo tan sencillo como el cacao y las mil formas y sabores que de él emanan ¿Cómo es posible esto?

A mí esta fábula me ha ayudado ha reconciliarme, una vez más, con la materia. No es que estuviera peleado con ella, pero como siempre está el equilibrio, que se pierde con facilidad. Ni la materia es buena ni la materia es mala en sí misma. Depende de cómo se use.

A veces tendemos las personas a fijarnos en lo que no tenemos en vez de en lo que tenemos. Cuando me marché de Irlanda recuerdo que, aunque el desgarre de la partida me costó, estuvo rodeada de mucha paz. Al despedirme de mis amigos les dije: Me voy contento, porque yo me voy pero Dios se queda con vosotros. Además yo habito en vosotros y vosotros en mí. Lo vivido juntos ya es nuestra historia y nadie puede quitarnos el amor que nos hemos dado. No pensé: qué pena que me voy; sino: qué alegría que he estado con unas personas tan buenas un año y eso no me lo puede robar nadie.

La película de Chocolat me ha llevado a revivir esos sentimientos: de dar atención a lo que tengo en vez de a lo que no poseo. Aquello que pasa por mis manos puedo convertirlo en un signo de amor para la gente. Esta mujer sabía hacer chocolate ¿Yo qué se hacer? Yo sé enseñar inglés, me gusta cocinar, me encantan los árboles y las nubes; me encanta escribir, hablar, me fascina la literatura; tocar la guitarra... Ese es mi chocolate. Ahora me toca usarlo de manera que cautive el corazón de las personas y que vean en mí el amor.

Tengo un amigo -Ramón- que es fontanero. Trabaja en una obra de la construcción y es muy consciente de la grandeza de su vida. El otro día me contaba lo siguiente: Sus compañeros de trabajo le decían: A dios nadie lo ha visto jamás. Y Ramón replicaba: Sí, pero hemos visto a Jesús y me habéis visto a mí. Ellos le decían: Pero tú no eres Dios. Y él contestaba: No, pero tenéis que verle a él en mí. Pienso que para hablar de este modo hace falta mucha fe.

Lo que tenemos entre manos, nuestro cuerpo, las cosas que usamos cada día pueden sernos ajenas, ser meros instrumentos o formar parte integrante de nosotros. Se trata de conquistarlas para que formen parte de nuestro hogar espiritual. Traer las cosas materiales a lo más profundo de nuestro ser.

Hay algunas personas que cuando piensan en amar, sólo se les ocurre dar algo. No pueden pasar por una boda, por un cumpleaños sin un regalo. No pueden retornar de un viaje sin un detalle. Eso está bien, siempre que no nos quedemos ahí. Porque hay padres que acaban comprando a sus hijos, a base de regalos materiales y a la hora de la verdad hay poco amor. Yo no quisiera quedarme ahí y Vianne, la chocolatera de la película no lo hace. Claramente, ella ama el chocolate, adora su profesión y tiene un claro sentido de misión. Pero pienso que ama el chocolate en la medida en que este le brinda la oportunidad de entrar en el corazón de las personas. Ella ama el cuerpo de las otras personas y se alegra con el gozo que experimentan al paladear los ricos bombones; pero quiere ir a la raíz. Sabe que ayudar a una persona es mucho más que alargarle una bandeja de dulces. Y entra deliberadamente, sin miedo, en la vida de los demás, sabiendo lo que se hace, porque se ha preparado para ello.

En la película se toca también el tema religioso. Me pregunto qué habría hecho Jesucristo si hubiera tenido la oportunidad de llegar a aquel pueblo. Creo que no algo muy distinto de lo que hizo Vianne. Y es que hay muchas personas que aman mucho y tienen a Dios con ellos, aunque no sean muy conscientes. Es lo que un amigo mío misionero llamaba el Dios anónimo. Como se dice en la primera carta de San Juan 4, 7: "amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios; el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor".

A veces Dios se nos presenta en forma de chocolatera y no a través de reglas y prohibiciones. Como dice el sacerdote de la película en uno de sus sermones: vamos a valorarnos por lo que hacemos no por lo que dejamos de hacer.

Es una gran alegría, para los amantes del cine, ver una película que recorre la cotidianidad con inteligencia, de manera sugerente. Que es capaz de mezclar los tiempos modernos con la magia de las fábulas y de despertar en nosotros la pasión por el chocolate a la vez que despierta la pasión de amar. Para Lasse Hallström, el director de esta película, todo mi aplauso.

Accede ahora a
Más artículos de este consultorio





Copyright 2000 - 2014 © Rent & Buy S.A.





Si quieres puedes

Preparar artículo para imprimir Imprimir

También puedes

Ver más artículos
de este consultorio