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Trastornos del crecimiento. Talla baja

por Jeronimo Sandiumenge

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Otros aspectos a considerar para enjuiciar correctamente el crecimiento son a) la correlación que existe entre la talla media de los padres y la de los hijos, dato que permite estimar el potencial familiar o genético de crecimiento individual. b) el ritmo de maduración biológica (calcificación ósea, desarrollo sexual o puberal, etc.). c) la velocidad de crecimiento. Estos tres conceptos, potencial familiar o genético de crecimiento, ritmo de maduración biológica y velocidad de crecimiento, por su importancia, merecen unas breves consideraciones.

El potencial familiar o genético de crecimiento, mas conocido como talla diana (TD), es la probable altura que alcanzarán los hijos de una familia en función de los genes heredados de sus padres, con una dispersión aproximada de unos 5 centímetros. La formula para su cálculo es:

El potencial familiar o genético de crecimiento

Si colocamos el resultado de estas fórmulas en la parte derecha de una gráfica de crecimiento, podremos saber si la talla actual del niño esta en el percentil genético adecuado; sólo debemos seguir la línea del percentil donde esté situada la altura del chico hasta el final y ver si coincide con la genética (talla diana) calculada, considerando la dispersión anunciada.

El ritmo de maduración biológica también tiene una notable influencia familiar. El conocer la edad de la menarquia (primera menstruación) de la madre o hermanas o cuando cambió la voz o se afeitó el padre o hermanos mayores son de suma importancia. Este proceso lo comprobamos determinado la edad ósea (grado de calcificación ósea) y el desarrollo sexual o puberal.

La edad ósea se valora mediante una radiografía de la muñeca izquierda que se compara con atlas radiográficos de referencia (Greulich y Pyle o TW2 de Tanner-Whitehouse). Este dato nos indica la posibilidad de crecimiento que le queda al niño y, conociendo su talla actual, permite predecir su talla final.

Las modificaciones del crecimiento son muy profundas en la pubertad y teniendo en cuenta la variabilidad de su comienzo, será conveniente determinar el correspondiente desarrollo sexual o puberal. Podemos decir que el primer signo de pubertad en los niños es cuando el testículo alcanza un volumen de 4 cm3 y en las niñas la aparición del botón mamario. Existen ilustraciones muy prácticas al respecto. La maduración ósea y sexual tiene determinantes comunes, de forma que la pubertad se presenta siempre a una edad ósea concreta.

La velocidad de crecimiento es un dato muy importante a considerar. Se obtiene mediante mediciones sucesivas, que, para disminuir el margen de error entre ellas, no se realizarán antes de 6 meses. Conociendo la diferencia de talla y el tiempo transcurrido entre estos controles, se puede calcular la velocidad de crecimiento en cm./año. El crecimiento es máximo los primeros tres años y muy alto al inicio de la pubertad. Entre estos dos periodos se enlentece y se sitúa, en los niños normales, sobre el percentil 25 en el gráfico que expresa la velocidad de crecimiento, que en la práctica equivale a unos 4-6 cm. por año (Fig. 3).

La velocidad de crecimiento

Fig. 3.- Grafica de velocidad de crecimiento (cm. /año)
expresada en percentilies (P3-P97)
(Tomada de M. Hernández y colaboradores.
Fundación F. Orbegozo. Bilbao. 2002)


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