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  La atopia en perros y gatos

por Beatriz Unzeta Conde
publicado el 24 Mayo 2004

La dermatitis atópica es junto con la dermatitis por hipersensibilidad a la picadura de la pulga, uno de los cuadros cutáneos pruriginosos más frecuentes en el perro y en el gato, con sintomatología casi exclusivamente cutánea y que se desarrolla a partir de la puesta en contacto del paciente con alérgenos medioambientales.

Debido a que la sintomatología varia entre perros y gatos, lo presentaremos de manera independiente.

Dermatitis atópica canina

Afecta aproximadamente al 10 % de los perros y existe una clara predisposición:

  • Genética. Cuando ambos padres son atópicos, los hijos serán atópicos y probablemente manifiesten la enfermedad más tempranamente.
  • Racial. Siendo las razas más afectadas los Bulldog francés, Bulldog inglés, Bull-terrier, Bóxer, Fox-terrier, Dálmata, Golden-retriever, Labrador, Lhasa-apso, Pastor alemán, Pastor belga, Pequinés, Shar-pei,, Setter irlandés y west-highland white terrier.

La edad de inicio de los síntomas varía de los 6 meses a los 7 años, pero alrededor del 75 % de los perros suelen manifestar los signos clínicos entre los 6 meses y los 3 años.

Respecto a la estacionalidad de los signos clínicos, depende de si los alérgenos se encuentran en el medio ambiente a lo largo de todo el año o por el contrario sólo en determinadas estaciones como la primavera o el otoño, sin embargo se ha observado que en el 80 % de los casos que comienzan como una dermatitis estacional, termina desarrollándose una dermatitis atópica que cursa con una sintomatología clara a lo largo de todo el año.

El picor es el primer signo clínico excepto en el Bulldog inglés en el que no siempre es así. Al principio puede ser leve y con enrojecimiento de la zona pero a medida que el paciente se rasca se facilita la colonización de la zona por bacterias y levaduras y se produce una seborrea (con un olor típico a sebo) que agrava el picor. El picor aparece en la zona de la cara, orejas, en la parte distal de las extremidades, entre los dedos, parte anterior de los codos, ingles y vientre fundamentalmente aunque en casos extremos puede afectar a todo el cuerpo.

En los casos más crónicos se observa la liquenificación o engrosamiento de la piel, hiperpigmentación, manto graso y costras y el pelo puede aparecer con aspecto seco y quebradizo o bien con un aspecto grasiento y olor a sebo.

Otros síntomas no cutáneos que pueden aparecer asociados son asma bronquial, cataratas, alteraciones del tracto urinario y digestivo

Dermatitis atópica felina

En el caso de los gatos no se ha encontrado una predisposición ni familiar ni racial aunque la edad de presentación vuelve a ser como en los perros entre los 6 meses a los 3 años. El principal signo clínico es de nuevo el picor de intensidad variable pero siempre presente, lo que provoca el rascado del gato y una alopecia autoinducida con formación de placas de aspecto enrojecido, ulceroso o costroso en la cara, cuello y orejas.

Otros signos clínicos menos frecuentes son otitis e hiperpigmentación que puede aparecer localmente en abdomen, ingles, flancos y extremo de las patas traseras, pabellón auricular, cuello y cabeza.

Otros signos clínicos no cutáneos son procesos respiratorios como rinitis, tos, bronquitis y asma, que se detecta a la auscultación y en casos más graves al escuchar sin necesidad de un fonendo un silbido respiratorio.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la dermatitis atópica tanto en perros como en gatos se basa en la utilización de test alergológicos que determinan cuáles son exactamente los alérgenos implicados en el proceso, lo que es necesario para la selección de una inmunoterapia específica.

El tratamiento consiste en una terapia de hiposensibilización frente a los alérgenos implicados , sin embargo en aquellos animales que son positivos a ciertos alérgenos como mohos etc,en los que la respuesta frente a un tratamiento de hiposensibilización es muy pobre, el tratamiento sintomático del prurito puede estar indicado con el uso de:

  • Ácidos grasos. Evitan la descamación de la piel protegiendo al animal de posibles infecciones secundarias por bacterias y levaduras y tienen propiedades antiinflamatorias.
  • Antihistamínicos. Ayudan a reducir e incluso a eliminar la dosis de glucocorticoides necesarios para disminuir la inflamación de la piel.
  • Ciclosporina. Es un inmunosupresor que reduce la respuesta inmune producida por el animal frente a los alérgenos y que es la base fisiopatológica de la alergia.
  • Tratamientos tópicos. El lavado con champús reduce el prurito, refresca la piel y alivia temporalmente el picor aunque no elimina el problema y además el uso indiscriminado de champús no específicos puede provocar la deshidratación de la piel.
  • Los humectantes y emolientes ayudan a la hidratación de la piel, controlando otro de los factores que agravan el prurito.

La prevención

Los signos clínicos con los que cursan las alergias son muy inespecíficos y hay múltiples procesos patológicos que cursan con ellos. Es por ello, que se hace necesario un correcto diagnóstico lo antes posible para establecer un tratamiento adecuado y que así podamos controlar los signos clínicos antes de que aparezcan las complicaciones secundarias.

Beatriz Unzeta Conde es Licenciada en Veterinaria por la Univ. de León.

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