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  El Robinson del Siglo XXI

por Abel Díaz
publicado el 1 Junio 2000

"I have been in all my circumstances a memento to those who are touched with the general plague of mankind; I mean that of not being satisfied with the station wherein God and nature has placed them".

"He sido, en toda ocasión, un recordatorio para todos aquellos a los que ha tocado la plaga común de la humanidad; me refiero a la insatisfacción producida por no aceptar el lugar donde Dios y la naturaleza los ha colocado".

Estas palabras, con tintes de despedida, son las que emplea el famoso Robinson Crusoe, en la parte final del relato de su vida y aventuras. Cualquiera que haya leído el libro entenderá la emoción que alberga esta sentencia, sobre todo si se tiene en cuenta el proceso de transformación interna y externa que experimenta el azaroso marino.

Para Robinson, los primeros días en la isla a la que arriba son angustiosos. Pero a medida que se sucede el tiempo, va aceptando su nuevo hábitat: construye una fortificación, comienza a apacentar cabras, siembra arroz, regoge del barco naufragado untensilios y pólvora, etc. Con el devenir de los días, la tristeza primera desaparece y encuentra una paz hasta entonces desconocida. Empieza a reflexionar sobre su pasado, y nace en él un espíritu de agradecimiento por lo que ha recibido, por la naturaleza y la vida.

La evolución del personaje es interna y externa, y esto es importante para entender el libro. Recalca con frecuencia la idea de aceptar los bienes de Dios y la realidad que nos ha tocado vivir. Cada vez es más un general y un rey de la isla (generalísimo se llama a sí mismo), como así lo reconocen quienes a ella arriban: El indígena "Viernes" y los navegantes británicos que son abandonados a causa de un motín. Sin embargo, el verdadero secreto de Robinson reside en que cada vez es más señor de sí mismo.

El caso de Crusoe es quizá un tanto dramático y poco asequible para un ciudadano de a pie de nuestros días. Pero la moraleja es igualmente válida: ¿Qué hace falta para que uno caiga en la cuenta de lo valiosa que es su vida y de que aún tiene mucho que aprender sobre sí mismo?.

El hombre es siempre, de alguna manera, un misterio para sí, y así lo dejaban ya sentir los filósofos eléatas (Parménides, Zenón, etc.) en su gratos paseos por las costas del sur de Italia, allá por el S.V antes de Cristo.

A veces pienso que a muchos les vendría muy bien un accidente del tipo crusoniano para que hagan parón forzado y empiecen a preguntarse adónde se dirigen en la vida. Y eso es precisamente lo que yo hice hace unos meses, en el seno de una institución francesa llamada PRH (Personalidad y Relaciones humanas). Aunque me considero un buscador desde hace mucho tiempo, y procuro dedicar espacio a trabajar mi interior, hace unos meses conocí a una persona que -se puede decir- ha constituido un punto de inflexión en mi modo de ver el mundo. Dominique, que así se llama mi buen amigo, se mostró enseguida como una persona segura y llena de vitalidad, bromista e inquieto, pero a la vez profundo conocedor del hombre. Nuestra amistad no hubo de recorrer un gran trecho para que Dominique me descubriera su secreto: se había apercibido de que lo mejor que tenía era él mismo. Y que para alcanzar el éxito en la pareja, en el trabajo, y en todas las instancias de la vida, sólo tenía que hacer una cosa: labrarse a sí mismo. Y esto es a lo que se dedica el grupo PRH, un grupo de formación y acompañamiento de adultos, asentado en España y en muchos otros países del mundo desde hace ya un buen número de años.

El curso que yo hice lleva precisamente el título: "¿Quién soy yo?" Y es más una vivencia y un ejercicio de análisis que un curso teórico y aburrido sobre la persona. Pero "¿Quién soy yo?" es tan sólo la puerta que da paso a esta fascinante aventura que es el hombre. PRH organiza también otros cursos, breves e igualmente reveladores, que dibujan un perfecto mapa de la naturaleza humana y de sus relaciones con las demás personas. Entre algunos de los cursillos que imparte el PRH están: "Conduce tu vida", "Mis relaciones interpersonales", "Mi vida afectiva", "Mi vida en grupo", "Decidir según mi conciencia", "Ser una pareja", "Mi vida de pareja", "Yo busco a Dios", "Acceso a mí mismo a través del cuerpo", "Mi pasado de niño", "Ayudar a mis Hijos a existir", "Mi vida en empresa", "En búsca de una vida de pareja", "Liberación de los frenos y de las trabas en el crecimiento", etc.

En fin todo un espléndido recorrido por la vida del hombre para aquellos que se han creído que lo mejor que tienen es ellos mismos.

Abel Díaz es profesor de inglés y licenciado en Filología Inglesa y lleva algunos años formándose e investigando la psicología humanista, a través de la escuela de origen francés PRH (Personalidad y Relaciones Humanas) extendida actualmente en todo el mundo.


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