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Vocación a la alegría

por Abel Díaz
Publicado: 01/06/2000  

Abel Díaz es profesor de inglés y licenciado en Filología Inglesa y lleva algunos años formándose e investigando la psicología humanista, a través de la escuela de origen francés PRH (Personalidad y Relaciones Humanas) extendida actualmente en todo el mundo.


Tengo una amiga que me dice siempre: "Yo tengo vocación a la alegría". Y en verdad que viendo su vida me lo creo, porque va siempre risueña y derramando alegría. Yo pienso que todos los hombres tenemos vocación a la alegría. No se nos ha puesto en la tierra para sufrir y así merecer el cielo. El Reino de los cielos, decía Jesús, está ya entre nosotros. Y es un Reino de paz y de alegría.
Si los que creemos en la paz no acabamos de transformar el ambiente es porque no vivimos bien nuestra vocación a la alegría. El optimismo, la serenidad, la paz, el disfrutar de la vida en el sentido más profundo atraen mucho más que miles de teorías y predicaciones. Y ¿cómo transformaremos el ambiente si no nos transformamos a nosotros mismos? "La revolución del Reino", de la alegría, empieza por uno mismo.

Esa transformación interna se realiza con Dios, para el que cree, ya que es Él quien, en el camino de la fe, pone la meta y da los medios. Pero para el que no cree es también fácil descubrir el camino del amor y de la alegría a poco que se observe en su interior. Aunque el amor está dentro de nosotros mismos, sólo sale a flote cuando nos abrimos a los demás y -si tenemos fe- oramos. Es difícil caminar solos. No es accesorio que caminemos en comunidad, en sociedad, ya que nuestra luz debe ser la del compañero de camino y viceversa.

Los hombres, además, tenemos una memoria muy corta para lo más grande. De ahí la necesidad de la reflexión y de la oración, para que en presencia de Dios o de nuestra verdad más profunda, nos situemos de continuo, a diario, ante nosotros mismos y lo que nos constituye esencialmente: la llamada a la perfección en el amor. Cristo nos dice: Yo he venido a que vuestra felicidad sea completa. No dice: A que aguantéis como podáis.

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